Solomón Shereshevsky: el hombre de la memoria infinita

Por: Tiffany Martínez González

Imagen: RTVE.es

En 1886 nació en la ciudad de Torzhok- Rusia, un hombre que tenia la capacidad de recordarlo todo, hasta en el mínimo detalle; cada palabra, en cualquier otro idioma que no conociera, Solomón recordaba todo lo que veía y vivía. A esta condición se le denomina hipermnesia, lo que se refiere al exceso de la memoria y fue Solomón Shereshevsky la primera persona registrada en poseer esta habilidad.

El ruso se dedicaba al periodismo cuando notó que contaba con dos extraordinarios dones, ya que este no padecía solo de hipermnesia, sino que también de sinestesia, lo cual hacía que Shereshevsky mezclara sus sentidos, es decir, para él las palabras se podían saborear, oler, poseían colores, texturas…

Solomón fue sometido a estudios para determinar qué tan ciertas eran sus habilidades y evidentemente Alexander Romanovich Luria, conocido como el fundador de la ciencia cognitiva, fue el experto encargado de investigar y documentar el caso del ruso. Después de memorizar varias secuencias matemáticas y recitar poemas en diferentes idiomas, pudo comprobar que Shereshevsky podía recordar cada cosa con exactitud e incluso de forma inversa.

Alexander Romanovich Luria

Dieciséis años después, Romanovich le pregunto a Solomón si recordaba su primera sesión, quién respondió describiendo cada detalle, desde la vestimenta hasta lo conversado en ese día. Este particular caso le permitió a Luria evaluar la importancia que tienen las imágenes para el funcionamiento de la memoria.

Sin embargo, esta condición no fue del todo beneficiosa para Shereshevsky. Cuando se dio cuenta que poseía un extraordinario don, abandonó su profesión y comenzó a realizar presentaciones en lugares públicos; esto no terminó muy bien porque se desconcentraba con cualquier detalle, se le complicaba desenvolverse social y cotidianamente, él no podía leer mientras comía porque sus sentidos se entrelazaban y no disfrutaba de ninguna de las dos acciones. Así que, agobiado por ese estilo de vida, abandonó el mundo del espectáculo y se dedicó a vivir anónimamente como taxista en Moscú.